miércoles, 9 de marzo de 2016

Dolores Fonzi en Convivimos

“Cuando empecé a actuar, la pasaba pésimo”
Este año va a cumplir dos décadas con su profesión y en el 2015 no hizo más que cosechar elogios. Sin dudas, se convirtió en una de las mejores actrices de su generación: una mujer que descubrió, desde muy chiquita, el poder de la actuación.
Dolorez Fonzi
Por Leonardo González Fotos Patricio Pérez
Acaba de terminar una jornada muy larga de trabajo. Está grabando La Leona, la nueva tira de Telefé, que ocupa casi todo su tiempo. Comenzó muy temprano, su horario se extendió dos horas más de lo debido, está cansada, pero aun así está de muy buen humor para la nota.
Evidentemente, a Dolores Fonzi los  años la esquivan y optan por seguir de largo, ya que su hermosura sigue intacta como hace 20 años, cuando irrumpió en el mundo del espectáculo. En esos años, era una de las chicas “rebeldes” de nuestra farándula, hasta que fue madre y pasó a convertirse en una actriz seria. O, al menos, así la  veían los medios. Nada que la afecte demasiado. Después de haber estado algunos años alejada de su trabajo y dedicada exclusivamente a su familia, un día volvió para retomar el lugar que había dejado vacante. Y vaya que volvió con todo…
Hubo un acontecimiento, cuando eras muy chica, que, de alguna manera, te marcó para ser actriz.
Eso pasó cuando tenía siete años. Estaba en segundo grado, en el recreo, y me pregunté qué pasaría si me desmayaba.
Sonó el timbre, todos comenzaron a entrar y me quedé tirada en el patio. Rápidamente, vinieron a levantarme, me preguntaron qué me había pasado y les dije algo así como que me había golpeado. Todos me creyeron, llamaron a mí mamá para que me venga a buscar y hubo un momento en el que pensé que eso era como tener un “poder”.
¿Cuándo decidiste que te gustaba la actuación?
En realidad, me empezó a gustar la actuación después de actuar durante mucho tiempo. Quería ser actriz porque me atraía muchísimo la idea de desdoblarme, como de tener la fantasía de ser otra persona, pero no sabía muy bien por qué esa inconsciencia.
Quise ser actriz muy joven sin saber bien por qué. Empecé a estudiar teatro a los 12 años y mi mamá no me dejó porque estaba yendo al colegio, y recién lo hizo cuando estaba en quinto año. Ahí comencé a estudiar teatro más seriamente. Pero, cuando empecé a actuar, lapasaba pésimo. Que me gustara actuar recién sucedió cuando tuve más experiencia.
¿Te influyó algún medio?
Sí, el cine. Recuerdo que miraba cualquier tipo de película: drama, comedia, ciencia ficción, fantasía. Por ejemplo, se me viene a la cabeza Splash (1984), en donde Daryl Hannah hacía de una sirena. Todo tipo de films veía.
Los miraba y, automáticamente, me transportaba a ese mundo, y, cuando terminaba la película, me deprimía porque había que volver a  la realidad.
Había un mundo de fantasía que me representaba la actuación que quería saber cómo era.
¿Eras de esas nenas que quería hacerse ver o algo introvertida?
Creo que tenía un poco de las dos cosas. De muy chica era no sé si tímida, pero sí muy tranquila. Pero igual en el colegio de inglés actuaba en todas las obras, ya que todos los grados participaban en una puesta que se hacía y me prendía siempre.
¿Y en qué momento alguien te dijo que podías actuar profesionalmente o estudiar para ser actriz?
No sabía muy bien cómo era, sí que había que estudiar teatro. Le pedí a mi mamá que me acompañara a hacer castings, de publicidades más que nada, entonces empecé por ahí. También me agarró algo que quería ganar mi propia  plata y poder pagarme las cosas que quería hacer: ya sea las clases de teatro si quería estudiar, o lo que fuera. Ser más independiente.
Tu abuela te llevaba a escondidas. ¿Por qué tus viejos se resistían?
Sí, algo así pasó. Iba a un colegio bilingüe mañana y tarde y mi mamáquería que estuviera concentrada en estudiar. No es que estaba fascinada por la actuación, para nada. Nadie acogió con mucho optimismo la idea de que fuera actriz. No porque no confiaran en mí, sino más bien porque tenían un prejuicio con la profesión.
Es que es toda gente profesional. Mis tíos son abogados, contadores, mi papá ingeniero agrónomo. Y estudiar actuación era raro, sobre todo si te llegaba a vislumbrar la idea de dejar el colegio. No me iban a dejar nunca.
Pero entonces mi abuela me anotó para que estudie una vez por  semana, así que no era tan grave. Después, cuando empecé a actuar en quinto año, ya dejé inglés, iba sólo de mañana y mamá empezó a tener ciertas concesiones y ahí sí pude comenzar a estudiar teatro. Me la bancaba mucho: todos los días me tomaba el tren, después el subte y otra vez el tren.
Comenzaba a grabar a las siete de la mañana y volvía a las 12 de la noche. Con tan solo 17 años, y después de haber hecho muchísimas publicidades, Dolores Fonzi debutó en televisión, en Canal 9, en el programa La nena, que protagonizaba Valeria Britos. Después saltó al recordado Verano del ’98 (donde trabajó junto a su hermano Tomás) y, un año más tarde, tomó por asalto el cine. Su belleza rápidamente conquistó ambos medios y nació un romance que aún hoy continúa.
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¿Viste alguna novela de Dolores Fonzi?

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